Donde esté ella.

Sonará absurdo, pensarán que es una historia sin sentido porque creerán que no podría existir, en estos tiempos, amores así. Sin embargo, la contaré…
Con apenas 18 años mientras yo aún estaba en el colegio, siendo curioso, por ser un colegio de monjas, fue el lugar donde la conocí. Yo tenía una novia, llevábamos un poco más de dos años. Pero, ella apareció. Aún, muchos años después sigo sin entender cómo se metió tanto en mi cabeza. Su nombre, Antonia.

Era tan común y tan corriente para mí que llevaba 3 años en el colegio y nunca la había notado. Éramos amigas, pero en el último año del colegio, empezamos a hablar mucho, nos hicimos buenas amigas y empecé a notar como se fijaba en mí y yo, sin aceptarlo, en ella… Pero una noche en una inauguración, donde sólo fui a verla bailar. Que por cierto, lo hacía muy bien; empecé a asumirlo, gustarme era poco, me encantaba. Seguía con mi novia y sentía como desmoronaba todo estando yo pendiente de otra mujer. Nunca le había dicho nada, me era imposible abrirme con ella porque ni certeza tenía que le gustaran o no, las mujeres. Por el contrario, era de esas mujeres extremadamente femeninas y sobre protegida por sus padres. Hasta que me di cuenta que estaba ella con una amiga mía, me tomó por sorpresa, pero, ¿qué más da? También yo estaba con alguien.

Lo único que me gustó de saber eso. Era que, tenía una mínima oportunidad porque sabía que algún interés tenía en las mujeres. Cada día que nos veíamos, le daba un dulce y al siguiente correspondía con uno para mí; era todo lo que pasaba, sin decirnos nada, pero su sonrisa y mirada cómplice, me daban a entender lo que callábamos ambas. Hubo un momento en que tuvimos que parar de hacer eso, tan inocente, tan cómplice. Mi novia y la suya, se estaban dando cuenta, no que le estábamos faltando al respeto siéndoles infieles, sino que estaba pasando algo peor. Nos estábamos enamorando.

Seguimos hablando común y corriente, como amigas cualquieras. No puedo negar que al verla cada día me aguantaba las ganas de darle mil y dos besos, pero era sólo la novia de mi amiga.
Sabía que al salir del colegio no la vería como antes, ya que así nos veíamos todos los días, sabía que la iba a perder, casi del todo. Fue tanto que al salir, no vimos pocas veces al año siguiente. Una noche nos vimos, una noche de abril y estuvimos juntas casi todo el día, yo nunca había sentido ese tipo de intimides que me hacía tener conmigo misma. Era increíble entender que era ella quien me descolocaba la cabeza de una manera que ni yo podía explicar. No pasó tampoco nada, al siguiente día le hable a su WhatsApp. Me declaré y ella sólo contestó que sentía lo mismo que yo. Estuvo mi corazón a punto de parar. Después de ese momento fuimos algo que aún

sin tener nombre de “novias” Era serio y sólo de las dos.

Nuestro primer beso fue unos días después de la declaración, cuando después de mi clase de natación, miré a mi frente y estaba ella allí, esperándome, ella, esa mujer tan perfecta a mis ojos. Porque aunque parecía inofensiva, era hermosa. Solté mi sonrisa y sentí como me sonrojaba, ella igual… Me mataba ver como se ponía de colores por verme. Me cambié rápidamente y salimos a desayunar. Me pidió que la acompañara a su casa a cambiarse para ir al gym. Tomamos como rumbo su casa y lo que pensamos que iba a ser un solo momento, se convirtió en una tarde perfecta. Sólo de palabras, abrazos, tomadas de la mano. El beso, ese que estábamos esperando, no llegaría hasta el final de la noche. Tenía nervios, tenía miedo, aunque no era mi primera o quinta vez, no sabía cómo hacerlo, porque me hacía sentir una niña pequeña que no quería crecer o dejar de sentir lo que me hacía sentir. Al despedirnos, me abrazó, la miré y no pude más. Me armé de valor, rompí mi armadura y la besé… No me quería pellizcar, me quería quedar allí, con su aliento, sus labios, con ella. La besé como si fuera la persona más inexperta, eché a sonreírle mientras la miraba, ella hacía lo mismo y me trasportaba a millones de años luz sin moverme un centímetro de sus labios.

Un año disfrutando de mi enamoramiento con ella hasta que nos fuimos de la ciudad, por nuestro futuro, por nuestras carreras; ella al norte del país, yo casi en el centro. La perdí. Era obvio, éramos fieles creyentes de que las relaciones a distancia, no funcionan. 3 meses sin saber una de la otra, 5 meses teniendo su recuerdo latente, sin poder verla. Nos encontramos por casualidad en una ciudad central, con decepción me di cuenta que tenía novio, alguien de su ciudad. Me alegraba, mientras ella estuviera feliz, mientras estuviera bien, mi vida estaba bien. Nos alejamos mucho más. Hasta que llegaron nuestras vacaciones, volvimos a nuestra ciudad a visitar a nuestras familias, amigos, etc…
Yo llegué unos tres días antes que ella, cuando ella lo hizo, yo le tenía una bienvenida. Algo sencillo, un par de amigas, la tranquilidad de la naturaleza y las ganas de verla. La pasamos increíble sólo hablando. Se pasó el tiempo, debía regresar a su casa, así que me dispuse a acompañarla. La tomé de la mano aun sabiendo que estaba con alguien más. Volvimos a estar juntas, era ella a quien quería llamar como presente, nada más me importaba.

Se llegó nuevamente enero, la despedida… Esta vez había sido peor, cada que nos veíamos nos enamorábamos más, nos enamorábamos bonito. Me pidió, con lágrimas en sus ojos, que siguiera mi vida sin ella, ella no entendía que mi vida no era, si no estaba ella. Soltó mi mano, llorando se alejaba sin mirar hacia atrás.
Meses después me escribió para saber cómo estaba. Morí, de nuevo.
Hablamos por meses hasta que le dije que la quería ver. No lo pensé, compré los tiquetes, reservé el hotel, y salí a buscarla. Era lo mínimo que me nacía hacer por ella. Antonia vive en una ciudad con playa, al recogerla, me miró, sonrió y me abrazó como siempre, con ese amor tan indescriptible que nos poseía… Sentía su corazón, ¿pueden creerlo? Eso me mataba, saber que se moría por mí y yo por ella. Salimos de allí, se cambió en el hotel, nos dimos muchos besos. La había extrañado. Andamos la playa viendo el atardecer, para ella era algo de todos los días ver como el sol se escondía tras la inmensidad del mar. Para mí, era hermoso, estar de su mano, a su lado y ver ese espectáculo.

Ha decir verdad, era demasiado respetuosa con ella… Nunca habíamos hecho el amor, ella en varias ocasiones cuando estábamos a punto de hacerlo. Paraba, me miraba y me decía: “Espera, tengo miedo” Jamás la presioné. Y con esto, sabía que en serio la amaba. De ser otra persona, segura estoy que me hubiera dado igual. Llegamos casi a las 10 pm, empezamos a besarnos, la situación se fue haciendo cada vez más ardiente. Terminé vistiendo su piel con la mía, supe que tardaría un siglo en contar cada uno de sus lunares, estaba dispuesta a arriesgarme, a hacerlo, a darlo todo por ella.

Se llegó el día de mi partida y le pedí que fuera mi novia, aceptó. Ya se imaginarán qué tan feliz se puede llegar a ser con una palabra de sólo dos letras que estuviste esperando por mucho tiempo. Al siguiente mes, volví a verla, disfrutábamos de una hermosa vista, al menos yo… De mis dos inmensidades favoritas, el café de sus ojos y del azul del mar, mientras el cielo se alumbraba con luces, con pirotecnia. Y ella repetía. “Te amo”. Era todo tan perfecto pero, el problema… Sus papás
Estaban también allí, su madre, padre y hermano me odiaban. Tenían razón quizá para su princesa, otra mujer no estaba bien visto para la sociedad, así que no podían ni verme. Quedamos en cada que estuviera con ellos, no nos veríamos para evitarnos problemas. Fracasamos el primer día y su madre, como la más manipuladora del mundo, cayó sobre ella diciendo que no tendría más su apoyo, su padre se fue de su casa. Todo para ella había acabado.

Yo la había derrotado. Lloró, y me dijo que no seguiría conmigo. Aunque la entendía, no quería, ella era mi más grande sueño y paraíso. Me quedé allí, sola en la misma ciudad que la había encontrado, la había perdido.
Tantas cosas importantes y sólo la precisaba a ella. Sólo la preciso a ella, me llevé tantas personas, cosas por delante por ella y no me arrepiento, porque hasta ahora, sigue siendo mi mejor decisión.
Esta historia aunque empezó hace muchísimo. Hace poco terminó, esto me hizo escribirla y desahogarme.

Unkwnow, 12 de julio, 2016.

Fuente : Donde esté ella.

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